por STI | Jun 11, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Nota de prensa, Noticias
Para los Pueblos Indígenas, el agua no es un recurso sometido al mercado ni una simple fuente de aprovechamiento económico. Es vida, memoria, vínculo espiritual, conocimiento y territorio. En ella reconocemos una comprensión profunda del mundo, donde ríos, lagunas, nacimientos, quebradas, humedales y mares sostienen no solo la existencia material de los pueblos, sino también las formas propias de gobierno, las prácticas de cuidado y la relación con la Madre Tierra.
El agua ocupa un lugar central en nuestros sistemas de conocimiento indígena porque conecta la vida en todas sus dimensiones. No separa naturaleza y sociedad, ni divide lo material de lo espiritual. Donde corre el agua, corre también la memoria de los pueblos, la historia de sus orígenes, la enseñanza de los mayores y la continuidad de las prácticas que hacen posible la pervivencia. Por eso, cuando hablamos del agua, no hablamos solo de consumo o abastecimiento. Hablamos de una trama viva que ordena el territorio y que permite que cada ser, cada espacio y cada relación conserven su sentido.
Desde esta visión, el agua ocupa un lugar central en la vida de los Pueblos Indígenas, porque expresa el orden natural del territorio, el gobierno propio y la espiritualidad. Marca recorridos, conecta espacios, sostiene la biodiversidad, orienta los usos tradicionales y hace posibles actividades esenciales para la permanencia y pervivencia física, cultural y espiritual.
Allí donde hay agua hay también sistemas de aprendizaje ancestral, transmisión de saberes, lectura del territorio y prácticas de cuidado. No es casual que muchos pueblos nombren el agua como venas del territorio: porque, así como las venas sostienen la vida en el cuerpo, las aguas sostienen la vida en el espacio ancestral.
Esta comprensión entra en tensión directa con un modelo económico y político que insiste en convertir el agua en mercancía, en fuente de energía sin consulta, en soporte de actividades extractivas o en infraestructura sometida exclusivamente a criterios de rentabilidad. Esa lógica desconoce que el agua no puede separarse del territorio ni de los pueblos que ancestralmente la hemos cuidado.
Cuando se contamina una fuente, se represan ríos, se destruyen nacimientos o se alteran humedales y lagunas, no solo se afecta un ecosistema. Se agreden formas de vida, se interrumpen relaciones culturales y espirituales y se profundiza el despojo territorial. Se interrumpen los ciclos que sostienen la siembra, la alimentación y la transmisión del conocimiento. Se debilita la relación espiritual con los lugares que orientan la vida colectiva y se rompe una parte esencial del equilibrio territorial. Cuando el agua se enferma, también se enferma el territorio, y con él, la posibilidad misma de seguir existiendo como pueblos.
Frente a ese panorama, insistimos en que la protección del agua exige el reconocimiento efectivo de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas. No basta con discursos de conservación ni con programas aislados si al mismo tiempo continúan la imposición de proyectos, la inseguridad jurídica, el debilitamiento del gobierno propio y la exclusión de los pueblos de las decisiones sobre sus territorios.
Defender el agua implica garantizar autonomía, participación efectiva y respeto por los sistemas de conocimiento que la han cuidado durante generaciones. Donde el agua sigue viva, también persiste la posibilidad de la memoria, del equilibrio y de la continuidad de los pueblos. Cuidarla no es una tarea complementaria: es una condición para la vida. Y defender los territorios donde nacen, fluyen y se renuevan las aguas no solo protege el presente y el futuro de los Pueblos Indígenas, sino también la continuidad de la vida para toda la humanidad.
¡Defender los territorios es defender la vida!
por STI | Jun 9, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Comunicados, Nota de prensa, Noticias
Desde la Comisión Nacional de Territorios Indígenas – CNTI expresamos nuestra profunda preocupación y rechazamos de manera categórica los hechos de violencia, intimidación y vulneración de los derechos territoriales ocurridos el día 8 de junio de 2026 contra la comunidad indígena Iwitsulibo del Pueblo Sikuani, ubicada en el municipio de Puerto Gaitán, Meta.
De acuerdo con la información suministrada por las Autoridades Indígenas y Organizaciones acompañantes, un grupo de personas ingresó al territorio donde se encuentra la comunidad, generando actos de hostigamiento, amenazas e intimidación que afectaron la tranquilidad, la integridad y las viviendas de las familias indígenas que habitan este espacio y mantienen con él una relación ancestral, cultural y espiritual.
Advertimos que estos hechos no constituyen un episodio aislado, sino que hacen parte de un proceso histórico y sistemático de afectación a los derechos territoriales del Pueblo Indígena Sikuani, particularmente en el municipio de Puerto Gaitán. Durante décadas, estas afectaciones se han manifestado a través del despojo de tierras, acumulación indebida de tierras, la transformación intensiva de ecosistemas estratégicos, las restricciones a la movilidad ancestral, las intimidaciones contra las Autoridades Indígenas y los obstáculos permanentes para la garantía efectiva de los derechos territoriales de las comunidades.
La gravedad de la situación se acentúa si se tiene en cuenta que recientes decisiones judiciales adoptadas en el marco de las acciones promovidas para la protección de los derechos territoriales del Pueblo Sikuani, se han reconocido afectaciones al derecho al libre tránsito, al acceso al territorio ancestral y a otros derechos fundamentales relacionados con su pervivencia física y cultural.
Sin embargo, las amenazas, restricciones de acceso, actos de intimidación y denuncias sobre afectaciones ambientales continúan poniendo en riesgo la vida, la integridad, la autonomía y la permanencia de las comunidades indígenas en sus territorios. Esta situación evidencia la necesidad de una actuación inmediata, efectiva y coordinada por parte de las autoridades competentes.
Por lo anterior, desde la CNTI exigimos a la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, el Ministerio del Interior, la Agencia Nacional de Tierras, la Unidad Nacional de Protección, la Gobernación del Meta y la Alcaldía de Puerto Gaitán adoptar de manera urgente para esclarecer los hechos denunciados, identificar a los responsables, garantizar la seguridad de las Autoridades Indígenas y de las familias afectadas, y prevenir la repetición de nuevos actos de violencia o intimidación.
Desde la CNTI expresamos nuestra solidaridad con la comunidad Iwitsulibo y con las demás comunidades del Pueblo Indígena Sikuani que continúan defendiendo sus territorios ancestrales. La defensa del territorio es una condición fundamental para garantizar la vida, la dignidad, la autonomía y la pervivencia física y cultural de los Pueblos Indígenas.
¡Defender los territorios es defender la vida!
por STI | Jun 9, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Nota de prensa, Noticias
En el marco del Caucus Indígena realizado los días 6 y 7 de junio en Bonn, Alemania, como espacio preparatorio para las sesiones SB64 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, los Pueblos Indígenas de las siete regiones socioculturales del mundo nos reunimos para evaluar las apuestas y rutas de incidencia que venimos impulsando en la agenda climática internacional.
Durante estas jornadas compartimos balances sobre avances, retos y resultados en asuntos clave como adaptación, mitigación, transición energética y pérdidas y daños, reafirmando la necesidad de sostener una voz propia y articulada en escenarios donde se toman decisiones que afectan directamente la vida y los territorios.
Posteriormente, en el marco de la sesión SBSTA 64, que se desarrolla en Bonn del 8 al 18 de junio, seguimos posicionando esa agenda desde una perspectiva de derechos. El Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico de la CMNUCC es uno de los espacios donde se discuten asuntos estratégicos sobre mitigación, adaptación, financiación y pérdidas y daños.
Por ello, nuestra presencia no puede ser marginal ni simbólica. Allí insistimos en que los derechos de los Pueblos Indígenas, la participación plena y efectiva, las garantías para las mujeres indígenas y la defensa del territorio deben quedar incorporados de manera real en las decisiones internacionales sobre cambio climático.
La presencia de los Pueblos Indígenas en estos espacios responde a una razón de fondo: el territorio es la base material, cultural y espiritual desde la cual se sostienen las respuestas frente a la crisis climática. No se trata solamente de aportar testimonios o experiencias locales. Se trata de reconocer que nuestros sistemas de conocimiento, formas de gobierno propio y sistemas de vida son fundamentales para construir respuestas reales, integrales, justas y sostenibles frente a la crisis climática y pérdida de biodiversidad.
Cuando no existe la participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas, las decisiones internacionales corren el riesgo de reproducir exclusiones, imponer soluciones ajenas a los territorios y profundizar desigualdades ya existentes. Por eso insistimos en que la participación indígena debe tener incidencia efectiva en la definición de posiciones, compromisos y rutas de implementación. No puede haber política climática legítima si se construye sin los pueblos que cuidamos los territorios esenciales para la vida.
También reiteramos que la financiación climática debe llegar de manera directa a los pueblos y comunidades. No basta con enunciar compromisos globales si los mecanismos de implementación excluyen nuestras prioridades, nuestras propuestas y nuestras capacidades territoriales. La financiación directa es una condición necesaria para que las respuestas indígenas no queden subordinadas a intermediaciones externas ni reducidas a papeles secundarios dentro de las acciones globales sobre clima y biodiversidad. Garantizar esa financiación es también reconocer la legitimidad política y técnica de los pueblos en la construcción de soluciones.
Desde Bonn reafirmamos que la participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas en la agenda internacional de cambio climático y biodiversidad es una condición necesaria para alcanzar decisiones justas, incluyentes y coherentes con la protección integral de los territorios. Seguiremos insistiendo en que no puede hablarse de transición, adaptación o resiliencia sin derechos territoriales efectivos, sin participación vinculante y sin reconocimiento real de los sistemas de vida que ancestralmente han sostenido el equilibrio entre los pueblos y la Madre Tierra.
¡Defender los territorios es defender la vida!
por STI | Jun 8, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Nota de prensa, Noticias
En el marco del 8 de junio, Día Internacional de los Océanos, reafirmamos que para los Pueblos Indígenas los océanos no son un recurso ni una mercancía. Son territorio, memoria, cultura y espíritu. Son espacios vivos que cuidamos y defendemos porque en ellos se sostienen relaciones profundas con la vida, con la ancestralidad y con los sistemas de conocimiento que orientan nuestra existencia colectiva. Desde esta comprensión, el mar no puede ser reducido a una fuente de explotación ni a una superficie disponible para intereses económicos externos.
Para nosotros, los océanos son territorios ancestrales. No son solo agua. Son caminos de origen, espacios sagrados y territorios vivos. En ellos habitan fuerzas, memorias y relaciones que orientan la vida de los pueblos. Por eso nuestros vínculos con el mar no son comerciales. Son espirituales, culturales y políticos. Esa relación de respeto explica por qué no hablamos únicamente de uso o aprovechamiento, sino de cuidado, equilibrio y responsabilidad frente a la vida que allí se sostiene.
Los océanos tienen una importancia decisiva para el planeta. Cubren más del 70 % de la superficie de la Tierra, producen alrededor del 50 % del oxígeno que respiramos y son esenciales para la biodiversidad y para la alimentación y los medios de vida de más de 3.000 millones de personas. Por eso, cuando hablamos del océano, no hablamos de un asunto marginal. Hablamos de una base material y ecológica sin la cual no hay estabilidad climática, ni equilibrio planetario, ni futuro posible para la vida.
Sin embargo, esa vida está en riesgo. La contaminación, la explotación intensiva, la pesca indiscriminada, el calentamiento del océano y el deterioro acelerado de los ecosistemas marinos profundizan una crisis que ya tiene consecuencias globales. Las Naciones Unidas y la UNESCO han advertido que el océano enfrenta daños severos por la contaminación, la sobreexplotación y la crisis climática, mientras miles de millones de personas dependen directamente de su salud ecológica. Detrás de esta situación no hay hechos aislados. Hay un modelo que convierte la vida en mercancía y que pretende imponer el despojo en nombre del desarrollo.
Reiteramos que no se explota lo que se cuida. No se destruye lo que permite respirar, alimentarse y sostener la vida. No hay océanos vivos sin pueblos que los cuiden y defiendan. Por eso rechazamos las industrias extractivas y las formas de ocupación que arrasan territorios, contaminan la Madre Tierra y desplazan comunidades en nombre de una idea de progreso que desconoce derechos, autonomías y vínculos ancestrales con el mar. La protección de los océanos exige reconocer que son territorios de vida y que su defensa pasa por respetar a los pueblos que históricamente han sostenido relaciones de cuidado con ellos.
Desde este día reafirmamos que defender los océanos también es defender los territorios, la autonomía y la continuidad de los pueblos. No habrá protección real del mar si continúan el despojo, la exclusión y la imposición de modelos que rompen la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Sin océanos vivos no hay mañana posible. Y sin pueblos que los cuiden, tampoco.
¡Defender los territorios es defender la vida!
por STI | Jun 5, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Nota de prensa, Noticias
En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, reafirmamos que cuidar la Madre Tierra no es una consigna ni una fecha simbólica. Es nuestra forma de existir. Los Pueblos Indígenas, estamos del lado de la vida porque somos pueblos de tierra, agua, monte y palabra. Nuestra lucha nace de una relación ancestral con el territorio y de una defensa colectiva frente a un sistema económico y político que pretende despojar, desplazar, explotar y exterminar.
Para nosotros, la naturaleza no está separada de la existencia. Es Madre, territorio y vida. Es hogar, alimento, medicina, fuego, espiritualidad, conocimiento y gobierno propio. El territorio no es solo una extensión de tierra. Es el lugar donde la vida se ordena, se cuida y se defiende, de acuerdo con la Ley Natural y la Ley de Origen que orientan la relación de los pueblos con la Madre Tierra. Por eso, cada afectación contra ella es también una agresión directa contra los pueblos, nuestra autonomía y continuidad física, cultural y espiritual.
La crisis climática, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y el extractivismo no son hechos aislados. Son consecuencias de un modelo que ha roto la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Ese mismo modelo ha intentado convertir los territorios en mercancía y zonas de sacrificio; ha impuesto formas de desarrollo ajenas a la vida de los pueblos y ha profundizado el despojo físico y cultural. No habrá futuro posible si se sigue sosteniendo esa lógica de devastación.
No se trata de “conservar” la naturaleza mientras continúan el desplazamiento, la explotación de la Madre Tierra y la negación de nuestros derechos. Se trata de respetar, armonizar, transformar y sanar. La protección de la naturaleza exige proteger los territorios. Sin Pueblos Indígenas no hay futuro posible, porque nuestros sistemas de conocimiento, prácticas de cuidado y formas de gobierno propio son parte de la defensa integral de la vida.
Reiteramos que sin justicia territorial no hay justicia ambiental. La conservación de la naturaleza exige respetar a los pueblos que la cuidamos y defendemos. No hay conservación justa ni real sin reconocimiento pleno de nuestra existencia. Defender la Madre Tierra es defender la vida, y defender los territorios es una condición inaplazable para cualquier horizonte de dignidad, equilibrio y futuro.
¡Defender los territorios es defender la vida