V Sesión CNTI: la garantía de los derechos territoriales exige progresividad, coordinación y continuidad institucional

V Sesión CNTI: la garantía de los derechos territoriales exige progresividad, coordinación y continuidad institucional

En el desarrollo de la V Sesión CNTI de diálogo de alto nivel de Gobierno a Gobierno, realizada entre el 15 y 16 de octubre, los delegados, delegadas y organizaciones que integran la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI), en representación de los 115 Pueblos Indígenas de Colombia, reafirmamos que la garantía de nuestros derechos territoriales constituye una obligación permanente del Estado colombiano.

La CNTI, creada mediante el Decreto 1397 de 1996, es una conquista histórica del movimiento indígena y un escenario de alto nivel para la concertación, el seguimiento y la exigibilidad de nuestros derechos territoriales. Su existencia, como la de nuestros derechos, es resultado de luchas históricas y de siglos de resistencia. Los Pueblos Indígenas somos sujetos colectivos de derechos y de especial protección constitucional, y continuaremos resistiendo y existiendo para garantizar su respeto y cumplimiento, con independencia de los cambios de gobierno.

En los últimos cuatro años, la formalización de los territorios indígenas aumentó en un 137 %. Este avance demuestra, con datos técnicos, que es posible fortalecer la respuesta institucional cuando existen coordinación, recursos y mecanismos adecuados para garantizar nuestros derechos territoriales.

Los gobiernos pasan, pero los Pueblos Indígenas permanecemos. Por ello, en esta V Sesión, la primera con el nuevo Gobierno Nacional, planteamos que estos avances deben continuar bajo los principios de progresividad, no regresividad e integralidad. La progresividad implica que los avances alcanzados continúen materializándose, que los compromisos pendientes tengan un cierre adecuado en el actual Plan Nacional de Desarrollo y que esos resultados constituyan un punto de partida para el próximo PND, con las debidas garantías de consulta previa, libre e informada.

Asimismo, las adecuaciones institucionales y normativas que han permitido fortalecer y agilizar los procedimientos territoriales requieren una implementación efectiva y sostenida para seguir avanzando en la materialización de nuestros derechos.

En este propósito, la buena fe, la coordinación y la articulación institucional son condiciones indispensables para que las decisiones adoptadas por el Estado se traduzcan en garantías efectivas en los territorios. Esta garantía debe comprender integralmente nuestros derechos colectivos, incluida la participación, la consulta y el ejercicio legítimo de la movilización social como expresión de nuestras demandas y de la defensa de los territorios.

Reconocemos los avances alcanzados y, al mismo tiempo, señalamos los rezagos, las solicitudes pendientes y las necesidades históricas que aún requieren respuesta. La progresividad implica dar continuidad a lo logrado, avanzar en el cumplimiento de los compromisos pendientes y garantizar un cierre adecuado del actual Plan Nacional de Desarrollo en materia de derechos territoriales indígenas.

Los acuerdos suscritos durante esta sesión buscan establecer rutas concretas para avanzar en nuestra lucha por la defensa y la garantía efectiva de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas de Colombia. Como parte de nuestras funciones, desde la CNTI haremos seguimiento a su desarrollo, cumplimiento y a los cronogramas definidos, y evaluaremos los avances y asuntos pendientes en la próxima sesión, prevista entre el 25 y el 27 de noviembre de 2026.

Reafirmamos nuestra voluntad permanente de diálogo y coordinación con el Estado colombiano. Los gobiernos cambian, pero la obligación estatal de proteger y garantizar los derechos de los Pueblos Indígenas permanece.

Estamos convencidos de que defender los territorios es defender la vida, y que defender nuestros territorios no puede costarnos la vida.

Formalizar nuestros Territorios: Estándares jurídicos, avances, desafíos y experiencias en Colombia, con estudios de caso en Guainía y Putumayo.

Formalizar nuestros Territorios: Estándares jurídicos, avances, desafíos y experiencias en Colombia, con estudios de caso en Guainía y Putumayo.

Para nosotros, los pueblos indígenas, el territorio no es exclusivamente un espacio físico. Es la base de nuestra cultura, nuestra espiritualidad, nuestra organización, nuestros sistemas de vida y nuestro ordenamiento colectivo. Allí se reproduce nuestra memoria, nuestro conocimiento, nuestras formas de gobierno y nuestras formas de justicia. Allí se asegura la continuidad de nuestra existencia histórica y social. Su protección no es negociable: es un derecho integral, preexistente y ancestral.

La formalización de los derechos de propiedad colectiva sobre nuestros territorios constituye un derecho irrenunciable que genera para el Estado el deber de garantizar y proteger nuestra relación integral con el territorio ancestral. Dicha garantía no se limita al reconocimiento formal de la propiedad, sino que comprende la protección de las condiciones que hacen posible nuestra autonomía, la pervivencia colectiva, cultural y espiritual, y la continuidad de nuestros sistemas de vida y formas propias de ordenamiento territorial.

A pesar de contar con un marco jurídico sólido —sustentado en convenios internacionales, normas constitucionales y jurisprudencia interamericana— la actuación del Estado en materia de formalización ha sido insuficiente, fragmentada y, en algunos casos, regresiva. Esta brecha estructural entre el mandato normativo y su aplicación efectiva debilita nuestra seguridad jurídica territorial, restringe el ejercicio pleno de nuestros derechos y compromete las condiciones materiales, culturales y políticas que garantizan nuestra pervivencia colectiva. Además, los procesos de formalización se ven afectados por interpretaciones restrictivas impuestas desde el aparato estatal, que obstaculizan el reconocimiento integral de nuestra relación con el territorio y profundizan la distancia entre lo reconocido jurídicamente y lo garantizado en la práctica.

En concordancia con lo anterior, desde el ODTPI de la CNTI presentamos este informe sobre la formalización territorial a partir de un enfoque que proponemos tridimensional. En primer lugar, abordamos el deber ser, que comprende tanto los referentes normativos propios de los pueblos indígenas, como el marco jurídico y jurisprudencial internacional y nacional que reconoce y protege nuestros derechos territoriales. En segundo lugar, analizamos el ser, entendido como el panorama real y actual de la formalización de los territorios indígenas, así como de sus avances y limitaciones en Colombia. Finalmente, mediante el estudio de dos experiencias concretas, pretendemos evidenciar la interacción y el distanciamiento entre el ser y el deber ser alrededor de la formalización de los territorios indígenas en el país.

 

Formalizar nuestros Territorios: Estándares jurídicos, avances, desafíos y experiencias en Colombia, con estudios de caso en Guainía y Putumayo.
12 de octubre: somos Pueblos Indígenas, territorios vivos y resistencia ancestral

12 de octubre: somos Pueblos Indígenas, territorios vivos y resistencia ancestral

Este 12 de octubre, Día de la Resistencia de los Pueblos Indígenas, reafirmamos que nuestra historia no comienza con la invasión europea ni puede reducirse al relato del “descubrimiento”. Somos pueblos milenarios y ancestrales que hemos sostenido nuestra pervivencia física, cultural, espiritual y territorial frente a más de cinco siglos de despojo, violencia y silenciamiento. La resistencia continúa porque seguimos defendiendo la vida, la Madre Tierra y los territorios que habitamos y cuidamos.

Para nosotros, el territorio no es una superficie disponible para la explotación ni una suma de recursos. Es un sistema vivo de relaciones ancestrales entre pueblos, aguas, montañas, bosques, animales, espíritus, memorias y conocimientos. Allí se sostienen nuestras lenguas, formas propias de gobierno, prácticas de cuidado y los mandatos que hemos recibido de nuestros ancestros y ancestras. Defender los territorios es, por tanto, defender las condiciones materiales, culturales y espirituales que hacen posible nuestra existencia como pueblos.

Por eso, nuestra resistencia tampoco pertenece únicamente al pasado. El colonialismo cambió de formas, pero sus efectos continúan expresándose en decisiones y proyectos que desconocen nuestra autonomía y Gobierno Propio, en presiones extractivas sobre los territorios y en políticas que fragmentan nuestras formas de vida y las relaciones que hemos construido ancestralmente con la Madre Tierra.

Frente a estas presiones, seguimos afirmando los sistemas propios de conocimiento, nuestras autoridades, espiritualidad y palabra colectiva. La resistencia indígena no es únicamente memoria de lo que ocurrió hace siglos. Es una práctica cotidiana de cuidado, decisión y permanencia. Se expresa en la defensa territorial, en la transmisión de las lenguas, en la educación propia, en la comunicación, en los sistemas de conocimiento y en las formas colectivas mediante las cuales seguimos sosteniendo la vida.

Más de cinco siglos después, seguimos de pie. No porque la historia haya sido benevolente con nuestros pueblos, sino porque hemos construido caminos de resistencia, reorganización y continuidad colectiva. Nuestra espiritualidad, autonomía y palabra han sido fundamentales para sostener esa permanencia y para enfrentar los distintos intentos de exterminio, subordinación y silenciamiento.

En esta fecha también honramos a nuestros ancestros y ancestras, a quienes defendieron la vida y los territorios antes que nosotros, a quienes caminaron estos procesos y retornaron a la Madre Tierra. Sus luchas, conocimientos y mandatos siguen presentes en las decisiones que tomamos y en las responsabilidades que asumimos con las generaciones que vienen.

Pero no somos únicamente memoria. Somos presente y futuro. Somos pueblos que hablan desde sus propias voces, lenguas, conocimientos, medios de comunicación y sistemas de gobierno. Somos autoridades, comunidades y procesos organizativos que continúan defendiendo el derecho a permanecer en los territorios y a decidir sobre ellos desde las formas propias de comprender y ordenar la vida.

En este 12 de octubre también cuestionamos las narrativas que aún presentan nuestra historia desde una mirada colonial y reafirmamos que la pervivencia de los Pueblos Indígenas está estrechamente ligada a la garantía de nuestros derechos territoriales. No puede hablarse de diversidad cultural mientras se desconocen los territorios que la sostienen, ni de protección de la naturaleza mientras se debilitan las formas propias de gobierno y los sistemas de conocimiento que ancestralmente han cuidado la vida.

En este marco, al Gobierno Nacional le recordamos que el reconocimiento de la diversidad étnica y cultural del país exige respetar plenamente nuestras autoridades, formas de Gobierno Propio y los derechos colectivos y territoriales de los Pueblos Indígenas, reconocidos en la Constitución, la ley, la jurisprudencia y los instrumentos internacionales de derechos humanos. Estos derechos no dependen de coyunturas políticas ni pueden quedar sujetos a interpretaciones regresivas que desconozcan su carácter histórico, colectivo y fundamental.

Cualquier decisión, política pública o reforma que incida sobre nuestros pueblos y territorios debe partir del respeto a la autonomía, la participación efectiva y los derechos ya reconocidos. No aceptamos retrocesos en las garantías alcanzadas ni medidas que debiliten nuestras autoridades, fragmenten nuestros territorios o reduzcan el alcance de nuestros derechos colectivos. La relación con los Pueblos Indígenas debe construirse desde el diálogo y la concertación de Gobierno a Gobierno, reconociendo nuestra diversidad, sistemas de conocimiento propio y formas de organización.

Nuestra lucha sigue siendo diaria, ancestral y colectiva. Somos palabra, memoria, conocimiento y territorios vivos. Seguiremos defendiendo la vida, fortaleciendo el Gobierno Propio y transmitiendo a las nuevas generaciones los conocimientos que han permitido nuestra permanencia.

Este 12 de octubre no conmemoramos un descubrimiento. Reafirmamos nuestra resistencia, ancestralidad y derecho a seguir existiendo como pueblos en nuestros territorios.

¡Defender los territorios es defender la vida!

¡Que vivan los Pueblos Indígenas del mundo!

 

La CNTI y ACIN fortalecemos la articulación de información propia para la defensa de la vida y el territorio en el norte del Cauca

La CNTI y ACIN fortalecemos la articulación de información propia para la defensa de la vida y el territorio en el norte del Cauca

Durante tres días, autoridades, mayores, mujeres, jóvenes Kiwe Thegnas (guardias indígenas) adelantamos un espacio de trabajo colectivo con el acompañamiento del equipo técnico de la STI – CNTI. El encuentro abordó las violencias que afectan al pueblo Nasa, con especial atención a los riesgos del reclutamiento forzado de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Entre el 5 y el 7 de octubre realizamos en Çxhab Wala Kiwe, norte del Cauca, un encuentro nacional junto con la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN). El espacio estuvo orientado a validar información territorial, intercambiar experiencias y generar insumos para los procesos de incidencia relacionados con la garantía de los derechos territoriales, el cuidado y la conservación de los bosques, así como la atención a la violencia sociopolítica.

El encuentro formó parte de la articulación e intercambio directo entre sistemas de información propia: el Sistema de Información sobre Violencias Sociopolíticas contra Pueblos Indígenas (SIVOSPI) de la CNTI y los sistema de monitoreo MADEJA y Recomponiendo el Camino de Vuelta a Casa (RCVC), pertenecientes al Tejido de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos de la ACIN. Este trabajo conjunto buscó fortalecer la producción, validación y apropiación de datos comunitarios como herramienta clave para la defensa de la vida y el territorio.

Uno de los ejes centrales fue la situación que enfrentan niños, niñas, adolescentes y jóvenes Nasa frente a las distintas violencias que persisten en el territorio, particularmente el riesgo de reclutamiento forzado. Junto con mayores, mujeres, jóvenes Kiwe Thegnas abordamos las condiciones asociadas a estas violencias, los actores que ponen en riesgo la vida y las acciones que desarrollan las familias, autoridades y organizaciones para responder a esta situación.

A través de espacios de diálogo, trabajos colectivos y ejercicios de cartografía propia, analizamos las dinámicas territoriales vinculadas a estas afectaciones y las respuestas comunitarias construidas para enfrentarlas. Así mismo, la reflexión contextualizó  estas problemáticas en el norte del Cauca, un escenario bajo constante presión por la militarización y las confrontaciones armadas que afectan a la población civil.

Durante el segundo y tercer día avanzamos en la revisión conjunta y retroalimentación de SIVOSPI y MADEJA. Este ejercicio se concentró en la revisión de datos y en el intercambio entre los sistemas de información. De manera paralela, se realizaron entrevistas con mujeres Nasa para recoger sus experiencias frente a las violencias vividas en los procesos de defensa territorial.

Este trabajo reafirma que la información producida desde los Pueblos no constituye únicamente un registro técnico. Permite documentar las afectaciones, sustentar las exigencias colectivas y fortalecer los procesos comunitarios y de incidencia política. La articulación entre SIVOSPI y MADEJA afianza, en ese sentido, la consolidación de herramientas construidas desde los territorios para comprender las violencias y fortalecer las respuestas propias.

El reclutamiento forzado de niñas, niños, adolescentes y jóvenes indígenas es una de las infracciones más graves al DIH. Ante este crimen, el derecho internacional blinda su condición innegociable de víctimas y veta por completo su tratamiento como bajas legítimas u objetivos militares. Reafirmamos una exigencia urgente: la guerra no puede arrebatar sus proyectos de vida. Los territorios ancestrales deben ser espacios de vida seguros para crecer, aprender y pervivir como Pueblos Indígenas en sus comunidades.

Desde la CNTI continuaremos fortaleciendo estos ejercicios de producción y análisis de información propia, en articulación con las organizaciones y autoridades indígenas, como parte de las acciones para defender la vida, los derechos y los territorios de los Pueblos Indígenas.

Siempre para la vida, nunca para la guerra.

¡Defender los territorios es defender la vida!

 

Chey: información propia para defender los territorios y ejercer gobierno propio

Chey: información propia para defender los territorios y ejercer gobierno propio

Durante años, los Pueblos Indígenas hemos advertido que la falta de información completa, pertinente y territorializada no es un problema exclusivamente técnico. Cuando nuestros territorios no aparecen en los sistemas de información, cuando los datos están dispersos o cuando las decisiones públicas se construyen únicamente desde fuentes externas, también se crean condiciones para desconocer derechos, profundizar conflictos y mantener invisibles realidades que existen en los territorios.

Desde esta comprensión hemos construido Chey — Sistema Vivo de Información Geográfica Indígena (SIG-I), una herramienta de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI) desarrollada en articulación con el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) para producir, organizar, consultar, analizar y contrastar información espacial sobre los territorios indígenas de Colombia. Chey surge de un proceso impulsado desde 2014 por la Secretaría Técnica Indígena y las organizaciones que integran la CNTI, como respuesta a la dispersión de información y a la necesidad de fortalecer nuestras capacidades para la defensa de los derechos territoriales.

No hablamos solamente de una plataforma tecnológica. Hablamos de información como derecho y como capacidad de decisión.

Las decisiones sobre formalización, ordenamiento territorial, biodiversidad, infraestructura, actividades extractivas o protección ambiental se sustentan en información. Por ello, quién produce los datos, cómo se interpretan, quién los administra y para qué se utilizan son preguntas directamente relacionadas con la autonomía y el gobierno propio. Una información completa y pertinente puede contribuir a materializar derechos; una información fragmentada, desactualizada o construida sin los Pueblos Indígenas puede reproducir su invisibilización.

Chey expresa también una forma propia de comprender el territorio. Su nombre proviene de la lengua Iku del Pueblo Arhuaco de la Sierra Nevada Gonawindua de Santa Marta y remite a una comprensión del territorio como un sistema vivo, sagrado, continuo e interdependiente, donde el agua, el aire, el fuego, la tierra y los demás elementos que sostienen la vida se encuentran relacionados. La elección del nombre no es decorativa: expresa el sentido político y territorial de una herramienta que busca poner las tecnologías geoespaciales en diálogo con nuestros sistemas de conocimiento, formas de vida y Ley de Origen.

Para nosotros, un territorio no es una suma de polígonos, coordenadas o capas cartográficas. Es memoria, espiritualidad, relaciones ancestrales, conocimiento, sistemas de vida y formas propias de gobierno. Por eso, Chey no pretende reducir nuestros territorios a mapas. Busca utilizar la información geográfica para comprender y hacer visible esa integralidad.

El sistema reúne información sobre resguardos indígenas formalizados, solicitudes de formalización, procesos de protección de territorios ancestrales y datos censales. También integra cartografía base, áreas de reglamentación especial, zonas de protección ambiental, figuras de ordenamiento territorial, redes hidrográficas, registros de biodiversidad y proyectos relacionados con minería, hidrocarburos, inversión e infraestructura. A esto se suma información sobre procesos de constitución, ampliación y saneamiento de resguardos y sobre títulos de origen colonial y republicano, fundamentales para analizar la seguridad jurídica territorial.

Esta integración permite observar relaciones que permanecen ocultas cuando cada entidad administra la información de manera separada. Podemos cruzar solicitudes de formalización con presiones extractivas; analizar la relación entre biodiversidad y seguridad jurídica; observar transformaciones del paisaje; identificar superposiciones entre diferentes figuras de ordenamiento; relacionar redes hídricas, ecosistemas y territorios; y documentar cambios o afectaciones que requieren seguimiento.

Chey permite procesar datos, cruzar capas, visualizar imágenes satelitales y producir mapas temáticos. Estas herramientas aportan a la planificación y gestión territorial y ambiental, al monitoreo de transformaciones, a la toma de decisiones de nuestras autoridades y organizaciones y al seguimiento y exigibilidad de los derechos territoriales.

Pero su importancia no se limita a disponer información. Chey permite interrogar los datos desde preguntas construidas por los propios Pueblos Indígenas.

Un ejemplo está en el análisis sobre biodiversidad. Al cruzar información territorial indígena con registros del Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB Colombia), hemos podido producir una lectura que supera los datos nacionales generales y permite observar qué ocurre concretamente dentro de nuestros territorios.

Un ejercicio desarrollado en 2026 sobre una superficie aproximada de 41,4 millones de hectáreas de territorios indígenas, incluyendo resguardos, reservas, solicitudes de formalización y protección ancestral y otras figuras territoriales, identificó 56.613 especies reportadas, equivalentes al 68 % de las especies registradas para el país en la información analizada. Allí aparecen también 1.937 especies endémicas y 626 especies clasificadas en categorías de amenaza de la UICN.

Estos resultados muestran, al mismo tiempo, una contradicción importante: los registros biológicos localizados en territorios indígenas representan alrededor del 13 % del total nacional analizado, y persisten territorios con muy poca o ninguna información disponible en las bases existentes. Cerca del 40 % de los resguardos incluidos en el ejercicio no presenta registros de biodiversidad y, entre los territorios que se encuentran en procesos de solicitud, el vacío se aproxima al 50 %. Ausencia de registros no significa ausencia de biodiversidad. Significa ausencia de información.

Esta diferencia importa porque los vacíos de información también producen consecuencias políticas. Un territorio que no aparece suficientemente caracterizado puede ser presentado como vacío, improductivo o carente de relevancia ambiental. Por eso hemos insistido en que las herramientas tecnológicas y los sistemas de información no son neutrales. Pueden reproducir invisibilizaciones o convertirse en instrumentos para controvertirlas con evidencia.

Durante nuestra participación en la Semana de la Geomática señalamos precisamente que la producción de información geoespacial propia permite enfrentar narrativas que desconocen el valor territorial, cultural y ambiental de nuestros territorios. Allí mostramos que los mapas y los datos pueden respaldar la seguridad jurídica, el gobierno propio y la exigencia de derechos cuando son producidos e interpretados desde preguntas pertinentes para los pueblos.

La experiencia acumulada con Chey también ha abierto una discusión más amplia sobre la soberanía y la gobernanza de los datos indígenas. Los Pueblos Indígenas no podemos ser entendidos únicamente como proveedores de información para sistemas administrados por terceros. Debemos participar en la definición de las preguntas, la producción de los datos, su interpretación, protección, circulación y uso. Esto implica reconocer variables propias, indicadores bioculturales, sistemas de conocimiento y protocolos que eviten nuevas formas de extracción o apropiación de nuestra información.

Esta discusión ha trascendido el ámbito nacional. Los Encuentros Regionales de Sistemas de Información Geográfica Indígenas han permitido intercambiar experiencias con organizaciones y pueblos de distintos países de América Latina sobre monitoreo territorial, cartografía, innovación tecnológica, gobernanza de datos y producción de información propia. De estos diálogos surgió también la propuesta de consolidar una Red Regional de Sistemas de Información Geográfica Indígenas, entendida como un espacio permanente de cooperación entre pueblos para fortalecer capacidades y construir una agenda propia sobre información territorial.

En el II Encuentro Regional, Chey fue presentado nuevamente como una experiencia construida desde Colombia para la defensa de los derechos territoriales y, al cierre del encuentro, se realizó su relanzamiento bajo una idea central: Chey es identidad viva del territorio.

Este proceso plantea un horizonte que va más allá de mejorar una plataforma. Nuestro objetivo es fortalecer la capacidad de los Pueblos Indígenas para producir y administrar información pertinente sobre sus propios territorios; contar con evidencia para exigir el cumplimiento de las obligaciones del Estado; participar con mayores herramientas en las decisiones públicas; documentar amenazas y transformaciones; sustentar procesos de seguridad jurídica; y fortalecer las decisiones que corresponden a nuestras autoridades y estructuras de gobierno propio.

Chey integra información institucional, pero no depende únicamente de la mirada institucional. Permite contrastarla, interrogarla y relacionarla con las necesidades, conocimientos y realidades de nuestros pueblos. Esa diferencia es fundamental. Los Pueblos Indígenas no solo aparecemos en los mapas. Producimos conocimiento sobre los territorios, construimos información, interpretamos sus transformaciones y tomamos decisiones para su cuidado y defensa.

Por eso Chey es también una apuesta por transformar la relación entre información y poder. Que los datos sobre nuestros territorios no sean producidos únicamente desde afuera. Que las brechas de información no sigan convirtiéndose en brechas de derechos. Que las tecnologías geoespaciales puedan fortalecer, y no sustituir, nuestros sistemas de conocimiento y nuestras formas propias de gobierno.

Chey es una plataforma gratuita y de libre acceso. Puede consultarse desde la página de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas y a través de Colombia en Mapas, plataforma del Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

Chey es territorio vivo convertido en información para conocer, decidir, cuidar y defender.

El territorio también se defiende con información.

¡Defender los territorios es defender la vida!

 

Loading...