por STI | Jun 9, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Nota de prensa, Noticias
En el marco del Caucus Indígena realizado los días 6 y 7 de junio en Bonn, Alemania, como espacio preparatorio para las sesiones SB64 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, los Pueblos Indígenas de las siete regiones socioculturales del mundo nos reunimos para evaluar las apuestas y rutas de incidencia que venimos impulsando en la agenda climática internacional.
Durante estas jornadas compartimos balances sobre avances, retos y resultados en asuntos clave como adaptación, mitigación, transición energética y pérdidas y daños, reafirmando la necesidad de sostener una voz propia y articulada en escenarios donde se toman decisiones que afectan directamente la vida y los territorios.
Posteriormente, en el marco de la sesión SBSTA 64, que se desarrolla en Bonn del 8 al 18 de junio, seguimos posicionando esa agenda desde una perspectiva de derechos. El Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico de la CMNUCC es uno de los espacios donde se discuten asuntos estratégicos sobre mitigación, adaptación, financiación y pérdidas y daños.
Por ello, nuestra presencia no puede ser marginal ni simbólica. Allí insistimos en que los derechos de los Pueblos Indígenas, la participación plena y efectiva, las garantías para las mujeres indígenas y la defensa del territorio deben quedar incorporados de manera real en las decisiones internacionales sobre cambio climático.
La presencia de los Pueblos Indígenas en estos espacios responde a una razón de fondo: el territorio es la base material, cultural y espiritual desde la cual se sostienen las respuestas frente a la crisis climática. No se trata solamente de aportar testimonios o experiencias locales. Se trata de reconocer que nuestros sistemas de conocimiento, formas de gobierno propio y sistemas de vida son fundamentales para construir respuestas reales, integrales, justas y sostenibles frente a la crisis climática y pérdida de biodiversidad.
Cuando no existe la participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas, las decisiones internacionales corren el riesgo de reproducir exclusiones, imponer soluciones ajenas a los territorios y profundizar desigualdades ya existentes. Por eso insistimos en que la participación indígena debe tener incidencia efectiva en la definición de posiciones, compromisos y rutas de implementación. No puede haber política climática legítima si se construye sin los pueblos que cuidamos los territorios esenciales para la vida.
También reiteramos que la financiación climática debe llegar de manera directa a los pueblos y comunidades. No basta con enunciar compromisos globales si los mecanismos de implementación excluyen nuestras prioridades, nuestras propuestas y nuestras capacidades territoriales. La financiación directa es una condición necesaria para que las respuestas indígenas no queden subordinadas a intermediaciones externas ni reducidas a papeles secundarios dentro de las acciones globales sobre clima y biodiversidad. Garantizar esa financiación es también reconocer la legitimidad política y técnica de los pueblos en la construcción de soluciones.
Desde Bonn reafirmamos que la participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas en la agenda internacional de cambio climático y biodiversidad es una condición necesaria para alcanzar decisiones justas, incluyentes y coherentes con la protección integral de los territorios. Seguiremos insistiendo en que no puede hablarse de transición, adaptación o resiliencia sin derechos territoriales efectivos, sin participación vinculante y sin reconocimiento real de los sistemas de vida que ancestralmente han sostenido el equilibrio entre los pueblos y la Madre Tierra.
¡Defender los territorios es defender la vida!
por STI | Jun 8, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Nota de prensa, Noticias
En el marco del 8 de junio, Día Internacional de los Océanos, reafirmamos que para los Pueblos Indígenas los océanos no son un recurso ni una mercancía. Son territorio, memoria, cultura y espíritu. Son espacios vivos que cuidamos y defendemos porque en ellos se sostienen relaciones profundas con la vida, con la ancestralidad y con los sistemas de conocimiento que orientan nuestra existencia colectiva. Desde esta comprensión, el mar no puede ser reducido a una fuente de explotación ni a una superficie disponible para intereses económicos externos.
Para nosotros, los océanos son territorios ancestrales. No son solo agua. Son caminos de origen, espacios sagrados y territorios vivos. En ellos habitan fuerzas, memorias y relaciones que orientan la vida de los pueblos. Por eso nuestros vínculos con el mar no son comerciales. Son espirituales, culturales y políticos. Esa relación de respeto explica por qué no hablamos únicamente de uso o aprovechamiento, sino de cuidado, equilibrio y responsabilidad frente a la vida que allí se sostiene.
Los océanos tienen una importancia decisiva para el planeta. Cubren más del 70 % de la superficie de la Tierra, producen alrededor del 50 % del oxígeno que respiramos y son esenciales para la biodiversidad y para la alimentación y los medios de vida de más de 3.000 millones de personas. Por eso, cuando hablamos del océano, no hablamos de un asunto marginal. Hablamos de una base material y ecológica sin la cual no hay estabilidad climática, ni equilibrio planetario, ni futuro posible para la vida.
Sin embargo, esa vida está en riesgo. La contaminación, la explotación intensiva, la pesca indiscriminada, el calentamiento del océano y el deterioro acelerado de los ecosistemas marinos profundizan una crisis que ya tiene consecuencias globales. Las Naciones Unidas y la UNESCO han advertido que el océano enfrenta daños severos por la contaminación, la sobreexplotación y la crisis climática, mientras miles de millones de personas dependen directamente de su salud ecológica. Detrás de esta situación no hay hechos aislados. Hay un modelo que convierte la vida en mercancía y que pretende imponer el despojo en nombre del desarrollo.
Reiteramos que no se explota lo que se cuida. No se destruye lo que permite respirar, alimentarse y sostener la vida. No hay océanos vivos sin pueblos que los cuiden y defiendan. Por eso rechazamos las industrias extractivas y las formas de ocupación que arrasan territorios, contaminan la Madre Tierra y desplazan comunidades en nombre de una idea de progreso que desconoce derechos, autonomías y vínculos ancestrales con el mar. La protección de los océanos exige reconocer que son territorios de vida y que su defensa pasa por respetar a los pueblos que históricamente han sostenido relaciones de cuidado con ellos.
Desde este día reafirmamos que defender los océanos también es defender los territorios, la autonomía y la continuidad de los pueblos. No habrá protección real del mar si continúan el despojo, la exclusión y la imposición de modelos que rompen la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Sin océanos vivos no hay mañana posible. Y sin pueblos que los cuiden, tampoco.
¡Defender los territorios es defender la vida!
por STI | Jun 5, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Nota de prensa, Noticias
En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, reafirmamos que cuidar la Madre Tierra no es una consigna ni una fecha simbólica. Es nuestra forma de existir. Los Pueblos Indígenas, estamos del lado de la vida porque somos pueblos de tierra, agua, monte y palabra. Nuestra lucha nace de una relación ancestral con el territorio y de una defensa colectiva frente a un sistema económico y político que pretende despojar, desplazar, explotar y exterminar.
Para nosotros, la naturaleza no está separada de la existencia. Es Madre, territorio y vida. Es hogar, alimento, medicina, fuego, espiritualidad, conocimiento y gobierno propio. El territorio no es solo una extensión de tierra. Es el lugar donde la vida se ordena, se cuida y se defiende, de acuerdo con la Ley Natural y la Ley de Origen que orientan la relación de los pueblos con la Madre Tierra. Por eso, cada afectación contra ella es también una agresión directa contra los pueblos, nuestra autonomía y continuidad física, cultural y espiritual.
La crisis climática, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y el extractivismo no son hechos aislados. Son consecuencias de un modelo que ha roto la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Ese mismo modelo ha intentado convertir los territorios en mercancía y zonas de sacrificio; ha impuesto formas de desarrollo ajenas a la vida de los pueblos y ha profundizado el despojo físico y cultural. No habrá futuro posible si se sigue sosteniendo esa lógica de devastación.
No se trata de “conservar” la naturaleza mientras continúan el desplazamiento, la explotación de la Madre Tierra y la negación de nuestros derechos. Se trata de respetar, armonizar, transformar y sanar. La protección de la naturaleza exige proteger los territorios. Sin Pueblos Indígenas no hay futuro posible, porque nuestros sistemas de conocimiento, prácticas de cuidado y formas de gobierno propio son parte de la defensa integral de la vida.
Reiteramos que sin justicia territorial no hay justicia ambiental. La conservación de la naturaleza exige respetar a los pueblos que la cuidamos y defendemos. No hay conservación justa ni real sin reconocimiento pleno de nuestra existencia. Defender la Madre Tierra es defender la vida, y defender los territorios es una condición inaplazable para cualquier horizonte de dignidad, equilibrio y futuro.
¡Defender los territorios es defender la vida
por STI | Jun 4, 2026 | Actualidad, CNTI Opina, CNTIAnaliza, Nota de prensa, Noticias
Los delegados y delegadas indígenas de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI) rechazamos de manera categórica el reclutamiento forzado y asesinato de Daniela Mucutuy Valencia, joven indígena y familiar de los cuatro hermanos Mucutuy que sobrevivieron 40 días en la selva del Guaviare en 2023.
Entre los 11 menores de edad muertos en los enfrentamientos registrados en zona rural de San José del Guaviare entre estructuras armadas enfrentadas de las disidencias de las antiguas FARC, fue identificado su cuerpo. De acuerdo con el relato de su abuela, Fátima Valencia, Daniela tenía 16 años, vivía con su madre en una zona rural cercana a Puerto Santander, Caquetá, y había sido reclutada forzadamente en 2023.
Este hecho constituye una grave violación de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. No es un caso aislado. Expresa la persistencia del reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes en territorios donde los grupos armados ilegales siguen disputando control territorial, afectando de manera particular a Pueblos Indígenas y comunidades rurales. Organismos nacionales e internacionales han reiterado que toda vinculación de menores de edad a estructuras armadas es forzada y que quienes son reclutados son siempre víctimas.
El reclutamiento de NNAJ por parte de grupos armados ilegales constituye una de las más graves violaciones al DIH, por lo que el ordenamiento jurídico internacional blinda su calidad de víctimas y prohíbe de manera absoluta tratarlos como bajas legítimas en combate u objetivos militares.
Nos solidarizamos con todas las víctimas de reclutamiento forzado, con sus familias y con las comunidades rurales y Pueblos Indígenas afectados por este dolor. Ninguna de estas vidas puede ser absorbida por el lenguaje de la guerra ni reducida a una cifra. Cada caso interpela al Estado y a la sociedad sobre el daño profundo que deja esta práctica atroz: fractura a las familias, rompe los tejidos comunitarios y agrede el presente y el futuro de nuestros pueblos.
Hacemos un llamado directo a los grupos armados ilegales para que cesen de inmediato esta práctica atroz. Deben entender el momento histórico y político del país, el dolor acumulado de las víctimas y la obligación elemental de respetar la vida de niñas, niños y adolescentes. Ninguna estructura armada puede pretender legitimidad mientras reclute, utilice y exponga a la niñez a la guerra. Las niñas y los niños nunca más para la guerra.
Exigimos también al Estado colombiano medidas urgentes, integrales y sostenidas de prevención, protección y atención para las víctimas y sus familias, especialmente en territorios indígenas y rurales donde este riesgo persiste. El reclutamiento forzado y la violencia armada contra la infancia no solo constituyen crímenes de guerra, sino que configuran un exterminio que fractura el relevo generacional y destruye de manera irreversible la pervivencia física y cultural de los pueblos indígenas de Colombia. La protección de la niñez indígena no puede seguir llegando tarde. Defender su vida es defender la memoria, la dignidad y la continuidad de nuestros pueblos.
¡Defender los territorios es defender la vida!
por STI | Jun 3, 2026 | CNTIAnaliza, Actualidad, CNTI Opina, Nota de prensa, Noticias
Cuando escuchamos la palabra ley, solemos pensar en normas, jueces o documentos escritos. Pero la Ley de Origen, para los pueblos Kogui, Wiwa, Arhuaco y Kankuamo de la Sierra Nevada de Gonawindua tiene otro sentido. No fue creada por los seres humanos, no está escrita en un papel ni fue aprobada por una institución. La Ley de Origen es el orden que sostiene la vida desde el principio del mundo y orienta el equilibrio entre todos los seres, fuerzas y lugares que hacen posible la existencia.
Desde esta comprensión, el universo se organiza para que todo exista en equilibrio: el agua, los ríos, los árboles, los animales, las piedras, el viento, el sol y la luna. Nadie tuvo que escribir una norma para que las nubes carguen el agua, para que la lluvia alimente los ríos, para que los ríos lleguen al mar o para que las abejas polinicen las flores. Cada ser cumple una función, cada lugar tiene un sentido y cada relación sostiene una parte de la vida. Ese orden natural, territorial y espiritual es la Ley de Origen.
Para los pueblos de la Sierra Nevada, los seres humanos llegamos al final de la creación. Por eso no somos dueños del territorio. Tenemos una responsabilidad frente a él: cuidar el equilibrio de la Madre Tierra. La Ley de Origen no se limita a indicar qué puede hacerse. También recuerda qué debe respetarse, cuáles son los límites que no pueden romperse y qué responsabilidades existen con la vida, con el territorio y con todos los seres que lo sostienen.
Esta visión se expresa de manera concreta en el Sistema de Espacios Sagrados y de conocimientos ancestrales de los pueblos Kogui, Wiwa, Arhuaco y Kankuamo. Allí se articula una comprensión integral del territorio, donde los lugares sagrados, las relaciones espirituales y los conocimientos propios sostienen el equilibrio de la vida y orientan el gobierno propio. Por eso los espacios sagrados de la Línea Negra no son puntos aislados en un mapa. Son lugares vitales para el equilibrio del territorio y hacen parte de un sistema vivo que ordena la relación entre cultura, espiritualidad, naturaleza y gobierno propio.
Desde esta lógica, antes de cortar un árbol, intervenir un río o tocar un lugar sagrado, debe existir una relación de respeto, permiso y compensación espiritual. Tocar, dañar o desconocer esos espacios afecta el cuerpo de la Madre Tierra y altera las relaciones que sostienen la armonía entre los seres. Cuando se incumple la Ley de Origen, las consecuencias no recaen únicamente sobre un pueblo. Se rompe el equilibrio de la vida y aparecen las sequías, las enfermedades, la escasez de alimentos y el desorden del clima.
Por eso esta ley sigue viva a través de la palabra, la memoria, las prácticas ancestrales y el conocimiento espiritual. Los Mamos y las Sagas tienen la responsabilidad de orientar su cumplimiento, porque han sido preparados para leer el territorio y cuidar sus equilibrios. La Ley de Origen no es una ley de prohibiciones. Es una guía para que la vida continúe y para que el territorio siga sosteniendo a los pueblos y a todas las formas de existencia que dependen de él.
Reconocer la Ley de Origen y el Sistema de Espacios Sagrados y de Conocimientos Ancestrales implica respetar los sistemas de conocimiento, la autonomía y los derechos territoriales de los pueblos Kogui, Wiwa, Arhuaco y Kankuamo. Defender la Ley de Origen es defender el territorio. Y defender el territorio es defender la vida.
¡Defender los territorios es defender la vida!