Del 24 al 29 de abril de 2026, en Santa Marta, se realiza la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. Este espacio se plantea como una plataforma política impulsada por países comprometidos con avanzar hacia sociedades y economías independientes de los combustibles fósiles. Se trata de un escenario complementario a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, orientado a abrir un proceso que impulse una transición progresiva, con continuidad en una segunda conferencia.
Esta conferencia no es un órgano de negociación, no reemplaza la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y tampoco constituye un espacio para negociar un nuevo tratado sobre combustibles fósiles. Su propósito es contribuir a la construcción de orientaciones políticas y de cooperación internacional frente a la necesidad de superar la dependencia de estos modelos energéticos. Sin embargo, desde los Pueblos Indígenas reiteramos que ninguna transición puede considerarse justa si desconoce los derechos territoriales.
La participación de los Pueblos Indígenas es fundamental porque nuestros territorios no son zonas de sacrificio y porque nuestros sistemas de conocimiento y gobierno forman parte de la solución. Superar la dependencia económica de los combustibles fósiles exige reconocer las economías indígenas en armonía con los sistemas territoriales, culturales y de vida de nuestros pueblos. La transición no puede imponerse desde afuera ni diseñarse sin participación efectiva y vinculante.
También advertimos que no aceptamos una transición basada en nuevos extractivismos. Rechazamos que, bajo el nombre de transición, se promuevan nuevas formas de minería, infraestructura impuesta o uso intensivo del agua sobre nuestros territorios. La transición no puede repetir el mismo modelo de despojo. Alertamos sobre tres riesgos concretos: nuevas formas de extractivismo, colonialismo sobre los territorios indígenas y violaciones a los derechos humanos.
Frente a ello, proponemos una ruta clara: protección jurídica integral de los territorios indígenas, zonas libres de combustibles fósiles y minería, reconocimiento de nuestros sistemas de conocimiento, y reparación integral con garantías de no repetición. Exigimos autonomía, prioridades indígenas e incidencia real en los escenarios internacionales. La transición solo será justa si respeta la vida, el territorio y los derechos de los pueblos.
¡Defender los territorios es defender la vida!






