En el marco de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, desde la Comisión Nacional de Territorios Indígenas realizamos el panel “Transición Energética, Derechos Humanos y Territorios Indígenas: retos y oportunidades frente al Modelo Extractivo”, el 28 de abril de 2026, en la Casa Ka”Sankwa. En este espacio reafirmamos que no puede hablarse de futuro posible sin derechos humanos, sin derechos territoriales y sin la participación efectiva de los Pueblos Indígenas en las decisiones que afectan la vida y el territorio.
Participaron en este conversatorio Gustavo Wilches Chaux, abogado experto en temas Ambientales; Mayor Jairo Guerrero, delegado indígena por AICO ante la CNTI; y Luz Amanda Pasuy Miticanoy, indígena Kamëntsá, socióloga Experta en Acciones Defensoriales y derechos humanos. La moderación estuvo a cargo de Cristina Luna Calpa, del equipo técnico de la Secretaría Técnica Indígena de la CNTI.
Durante el conversatorio reflexionamos sobre el papel de los Pueblos Indígenas en el debate sobre la transición energética y sobre los riesgos de que este proceso reproduzca las mismas lógicas de despojo, violencia y negación de derechos que han sostenido históricamente el modelo extractivo.
Luz Amanda Pasuy Miticanoy insistió en que la transición energética debe estar alineada con los derechos humanos y con los territorios indígenas. Señaló que esta discusión exige replantear el marco normativo y revisar de fondo cómo se entienden la gobernanza, la justicia, la participación y la toma de decisiones. Advirtió que no puede hablarse de transición energética si las decisiones sobre proyectos, territorios y bienes naturales se siguen tomando sin la participación efectiva de los Pueblos Indígenas.
En ese sentido, afirmó que la consulta previa no puede reducirse a un requisito formal ni a un trámite administrativo, sino que debe asumirse como una garantía real de incidencia, de conformidad con los estándares internacionales. También subrayó que los procesos de desarrollo económico y la participación de los pueblos han estado históricamente divorciados, marcados por asimetrías, discriminación y escenarios de victimización que vacían de contenido los derechos.
Por su parte, Gustavo Wilches Chaux planteó que el territorio es un ser vivo que surge de la relación entre la naturaleza y los seres humanos, y que toda transformación sobre esa relación tiene consecuencias. Desde esa perspectiva, señaló que la transición energética no puede pensarse solo como un cambio técnico de fuentes, sino como una revisión profunda de la manera en que habitamos el mundo y nos vinculamos con la naturaleza. Recordó que los combustibles fósiles también son resultado de procesos de vida y energía acumulada, y que uno de los grandes desafíos de la transición consiste en reducir los intermediarios entre la energía del sol y las formas en que sostenemos nuestra existencia.
Además, insistió en que los derechos humanos y los derechos de la naturaleza están estrechamente relacionados, que los llamados desastres naturales tienen causas humanas, y que las comunidades indígenas poseen saberes fundamentales para comprender, cuidar y consultar a la naturaleza desde relaciones de respeto, equilibrio y reciprocidad.
A su vez, el mayor Jairo Guerrero reafirmó que los Pueblos Indígenas no somos una realidad homogénea, sino una diversidad viva de 115 formas de pensar y actuar, expresadas también en 64 lenguas y en múltiples maneras de comprender el territorio. Sin embargo, señaló que existe una apuesta común: la materialización de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas. Reiteró que somos titulares de derechos, gobiernos propios y guardianes de los territorios, y que por ello la transición justa debe construirse con nosotros y no sobre nosotros.
También recordó que para nuestros pueblos el territorio es integral y comprende dimensiones tangibles e intangibles, atravesadas por la existencia de espíritus, dioses y relaciones sagradas que los modelos de desarrollo económico suelen desconocer cuando reducen el territorio a un espacio de explotación de recursos naturales.
La transición no se trata únicamente de sustituir fuentes energéticas. Se trata de transformar un modelo que ha profundizado el extractivismo, la violencia y el desconocimiento de nuestros pueblos. Reiteramos que, sin consentimiento libre, previo e informado, sin seguridad jurídica territorial y sin reconocimiento de nuestros gobiernos propios, no habrá justicia climática, ambiental ni económica. La eliminación progresiva de los combustibles fósiles debe construirse con nosotros, desde nuestros territorios y con respeto a la Madre Tierra, o no será verdaderamente justa.
¡Defender los territorios es defender la vida!






