En el marco del Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados, desde la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI) reafirmamos que la protección de la naturaleza no puede separarse de la garantía de los derechos territoriales, la autonomía y el Gobierno Propio de los Pueblos Indígenas. La guerra no solo amenaza nuestras vidas: también destruye las relaciones que sostienen los territorios y nuestras formas colectivas de existencia.
La explotación de la Madre Tierra, la contaminación de las aguas y las economías asociadas a los conflictos armados generan afectaciones que trascienden el daño ambiental. Cuando se intervienen, contaminan o destruyen nuestros territorios, también se afectan relaciones culturales, espirituales, comunitarias y productivas fundamentales para nuestra permanencia como pueblos.
Por ello, exigimos investigar y detener las actividades de explotación de la Madre Tierra vinculadas con la financiación de actores armados, la violencia y el despojo. La prevención de nuevos daños requiere enfrentar las economías que sostienen la guerra y garantizar protección efectiva para autoridades, líderes, lideresas, guardias indígenas, médicos tradicionales y demás personas que defienden la vida y los territorios.
La protección territorial también exige avanzar en el reconocimiento, formalización, restitución y protección integral de nuestras tierras y aguas. Estas acciones deben respetar nuestras autoridades, el Gobierno Propio, la Consulta Previa, Libre e Informada y las decisiones colectivas de los pueblos. No puede hablarse de protección ambiental mientras persistan condiciones de inseguridad jurídica, violencia y despojo sobre los territorios indígenas.
Asimismo, la reparación frente a los daños ocasionados por la guerra debe comprender la integralidad de nuestras relaciones territoriales. Reparar no significa únicamente recuperar una extensión de tierra: implica restablecer las condiciones para cuidar las aguas, acceder a los espacios sagrados, sembrar, pescar, ejercer nuestros gobiernos y desarrollar nuestras prácticas culturales y espirituales. Nuestros conocimientos y decisiones deben orientar estos procesos, acompañados de garantías efectivas de no repetición.
También exigimos recursos directos, accesibles y sostenidos para proteger y recuperar nuestros territorios de acuerdo con nuestras prioridades, sistemas de conocimiento y formas de vida. La protección de la naturaleza no puede depender de decisiones externas que desconozcan a los Pueblos Indígenas como autoridades territoriales y sujetos colectivos de derechos.
La construcción de paz requiere territorios reconocidos, protegidos y libres de las violencias que amenazan nuestra permanencia. Por ello, hacemos un llamado al Estado para prevenir los daños, investigar responsabilidades y cumplir sus obligaciones mediante acciones concretas, recursos, plazos y mecanismos de seguimiento. A los actores armados les exigimos respetar nuestras vidas, nuestra autonomía y nuestros territorios.
Proteger la naturaleza exige enfrentar las violencias que amenazan a quienes la defendemos y garantizar que los Pueblos Indígenas podamos permanecer, gobernar y cuidar nuestros territorios.
¡Defender los territorios es defender la vida!






