Durante el primer día de “Las aguas en la integridad territorial y cultural de los Pueblos Indígenas: Encuentro de Conocimientos, Saberes y Experiencias”, realizado en Casa Ka’sankwa, Santa Marta, pusimos en diálogo sistemas propios de conocimiento, experiencias de defensa territorial y desafíos para el reconocimiento jurídico de nuestras relaciones con las aguas continentales, costeras y marinas.
En la mañana del 10 de septiembre de 2026, como primer espacio del Encuentro de Conocimientos, Saberes y Experiencias que nos convoca en las faldas de la Sierra Nevada de Gonawindúa, se realizó el conversatorio “Relaciones y sistemas propios de conocimiento, ordenamiento y manejo del agua de los Pueblos Indígenas”. Moderado por Camilo Niño Izquierdo, Secretario Técnico Indígena de la CNTI, este espacio tuvo como objetivo dialogar en torno a nuestras relaciones, conocimientos y sistemas propios de cuidado, ordenamiento y manejo de las aguas como parte integral de nuestros territorios, culturas y formas de vida.
En primer lugar, intervino Luis Nuvita, líder indígena y asesor jurídico del pueblo Kogui, quien ha participado en distintos procesos de exigencia de los derechos de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada en el territorio ancestral de la Línea Negra. Expresó la comprensión de su pueblo sobre el agua como punto de origen y parte integral del territorio: “el agua indica el camino y es como las venas, que conectan y permiten fluir”. Desde esta perspectiva, señaló que el ordenamiento del agua propuesto desde el Estado puede fragmentar aquello que constituye una unidad, al desconocer que las afectaciones en las tierras bajas repercuten en las tierras altas y viceversa.
Luego, Carlos Gaitán, líder indígena del pueblo Piapoco y delegado de la OPIAC ante la CNTI, profundizó en la idea de que el agua tiene un orden desde su origen: existe un ordenamiento ancestral desde que el Creador la puso en la Tierra. Desde la mirada amazónica, explicó que las aguas expresan principios fundamentales para los pueblos: de los ríos, como de los pueblos, se conoce dónde nacen, pero no dónde terminan. También resaltó su valor medicinal y planteó que fortalecer la espiritualidad constituye una de las estrategias para su cuidado, debido a la estrecha relación que existe entre los pueblos y las aguas.
Posteriormente intervino Ismael Joropa, líder del pueblo Sáliba, con más de 40 años de trayectoria en procesos de organización, Gobierno Propio y defensa de los derechos colectivos. Desde la Orinoquía, planteó los retos que enfrenta su territorio por la presencia de empresas palmeras y petroleras, la fragmentación territorial y las transformaciones relacionadas con el cambio climático, evidentes en sequías extremas durante las temporadas de verano y fuertes inundaciones durante el invierno. Su intervención puso sobre la mesa una dimensión política central: las decisiones sobre las aguas también implican relaciones de poder.
Finalmente, el Mayor Vicente Villafañe, delegado de la CIT ante la CNTI y líder indígena del pueblo Arhuaco, se refirió a los desequilibrios producidos por intereses económicos externos y a los efectos de actividades como la extracción de carbón y petróleo sobre las aguas y los territorios. Desde el pensamiento propio, señaló que la Madre Tierra responde a estas afectaciones y recordó que los Pueblos Indígenas conocemos los pagamentos y principios de retribución establecidos por nuestros mandatos de origen. Reafirmó además la necesidad de transmitir los conocimientos que nuestros mayores han dejado: el camino para cuidar la Madre Tierra no debe inventarse, porque forma parte de una memoria y un conocimiento que siguen vigentes.
Este primer diálogo permitió reafirmar que los Pueblos Indígenas debemos ser reconocidos como autoridades y no únicamente como participantes en las decisiones y políticas relacionadas con las aguas. También dejó planteada una tensión fundamental entre las formas propias de comprender y ordenar los territorios y los modelos institucionales que fragmentan las relaciones entre ríos, montañas, costas, mares, seres y comunidades.
La segunda conversación de la jornada, “Disputas por el agua y sus ecosistemas continentales y marinos en el territorio”, permitió profundizar en las amenazas, conflictos y estrategias de resistencia que atraviesan nuestras relaciones con las aguas. Participaron Luis Misael Socarrás Ipuana, del Pueblo Wayú; Johana Herrera Arango, profesora e investigadora de la Universidad Javeriana; Mauricio Madrigal Pérez, especialista en Derecho Ambiental y Derechos Humanos; y Aura Tegría, del Pueblo U’wa, con la moderación de Juan Pablo Muñoz, del equipo técnico de la CNTI.
Desde La Guajira, Luis Socarrás expuso las afectaciones acumuladas durante más de tres décadas por grandes proyectos mineros y sus consecuencias sobre las fuentes hídricas. La crisis del agua, explicó, no puede separarse de las decisiones tomadas sobre los territorios sin participación suficiente de las comunidades, ni de los impactos sociales, culturales y ambientales que esas intervenciones han dejado. La defensa de los ríos y de las fuentes de agua se presentó, así como una lucha territorial que compromete tanto a los pueblos indígenas como a otras comunidades étnicas y campesinas.
La conversación amplió también la mirada hacia los espacios costeros y marinos. Las reflexiones sobre maritorios, sistemas de tenencia marina, gobernanza y mapeo de espacios acuáticos mostraron que el territorio no termina en la línea de costa. Manglares, humedales, mares y demás ecosistemas están atravesados por conocimientos, usos, prácticas culturales y relaciones ancestrales, al tiempo que enfrentan presiones derivadas de proyectos energéticos, infraestructura petrolera y portuaria, actividades extractivas y determinados modelos de conservación.
Desde un enfoque de derechos se planteó que garantizar las aguas exige ir más allá de su disponibilidad física. La accesibilidad, calidad, saneamiento, seguridad y protección de los ecosistemas hacen parte de una discusión más amplia sobre derechos humanos y ambientales. Para nuestros pueblos, este enfoque debe incorporar además las particularidades culturales y territoriales y reconocer los sistemas propios mediante los cuales hemos cuidado y ordenado las aguas.
La experiencia del Pueblo U’wa profundizó esta dimensión. Aura Tegría se refirió a las aguas como canales de comunicación vinculados con los seres espirituales, los rituales y las prácticas mediante las cuales se mantiene el equilibrio natural. Su defensa implica proteger la memoria, la espiritualidad y la pervivencia del pueblo. La acción colectiva, los mandatos de las autoridades tradicionales y la consulta previa fueron señalados como elementos fundamentales frente a decisiones externas capaces de alterar el territorio.
La profesora Johana Herrera Arango amplió la discusión hacia los espacios marinos y costeros, destacando la necesidad de reconocer los maritorios, las formas de tenencia y gobernanza marina y los sistemas de conocimiento de las comunidades que históricamente se han relacionado con estos ecosistemas. Por su parte, Mauricio Madrigal Pérez profundizó desde un enfoque de derechos humanos y ambientales en las obligaciones asociadas al agua, señalando que su garantía no se limita al acceso, sino que comprende condiciones como disponibilidad, calidad, saneamiento y protección de los ecosistemas, desde una perspectiva diferencial para los Pueblos Indígenas.
Durante la tarde, el conversatorio “Las relaciones con las aguas marinas y continentales en la formalización y seguridad jurídica de los territorios indígenas” llevó la discusión hacia uno de los desafíos estructurales identificados durante la jornada: la distancia entre la integralidad de nuestros territorios y las formas jurídicas mediante las cuales el Estado los delimita, formaliza y reconoce. El espacio, moderado por Diana Garreta, del equipo técnico de la CNTI, contó con la participación de Miguel Yace, delegado CNTI del CRIC; Luis Nuvita, del Pueblo Kogui; Jairo Guerrero, delegado CNTI de AICO; y Alfonso Peña Chepe, líder indígena y constituyente de 1991.
Uno de los principales planteamientos fue que la formalización basada únicamente en límites, polígonos y títulos resulta insuficiente cuando deja por fuera las aguas, rondas hídricas, playas, costas y otros espacios fundamentales para la vida territorial. Para nuestros pueblos, esas divisiones jurídicas pueden fragmentar relaciones que conforman una unidad espiritual, cultural y material. La seguridad jurídica debe reconocer no solo extensiones de tierra, sino también los vínculos ancestrales que sostienen la integralidad de los territorios.
Desde la experiencia Kogui se afirmó que el territorio ancestral mantiene una continuidad hacia el mar. Esa relación no consiste simplemente en “llegar” a una franja costera, sino en recuperar y proteger espacios de importancia ancestral que hacen parte del orden territorial de la Sierra Nevada. Separar el mar de la tierra supone fragmentar una relación que, desde la visión propia, constituye un mismo territorio.
Miguel Yace expuso la experiencia histórica del Pueblo Kokonuko en la recuperación y protección de la tierra, las aguas, los páramos y los sitios sagrados. El caso de Aguas Tibias, vinculado con prácticas medicinales, espirituales y con el ejercicio de las autoridades propias, permitió evidenciar cómo un conflicto sobre la propiedad puede comprometer dimensiones mucho más profundas de la integridad territorial. Su intervención insistió en que la formalización debe ser integral y no puede desconocer las conexiones entre agua, tierra, vida y pervivencia cultural.
A su vez, Alfonso Peña Chepe profundizó en la relación entre Ley de Origen, autoridad y gobernanza territorial. Desde esta perspectiva, quebradas, lagunas, páramos y sabanas no son espacios sin orden que deban comenzar a ser gobernados mediante decisiones externas: ya existen mandatos, autoridades y formas propias de regulación. El desafío consiste en reconocer y garantizar ese Gobierno Propio en lugar de sustituirlo.
Finalmente, Jairo Guerrero abordó la relación ancestral y tradicional de los Pueblos Pastos y Quillacingas con la Laguna de La Cocha. En el espacio se destacó la experiencia del Resguardo Indígena Quillasinga Refugio del Sol, que declaró la laguna como sujeto de derechos territoriales y ancestrales desde su Ley de Origen y cosmovisión, vinculando su protección con la vida, la espiritualidad, la cultura y la pervivencia del pueblo.
La primera jornada dejó así una conclusión transversal: las aguas hacen parte integral de nuestros territorios y no pueden comprenderse, ordenarse ni protegerse de manera fragmentada. Son memoria, espiritualidad, conocimiento y vida; conectan tierras altas y bajas, montañas, páramos, ríos, humedales, costas y mares; y se encuentran en el centro de disputas relacionadas con modelos de desarrollo, derechos colectivos, autonomía y seguridad jurídica.
Desde la CNTI reafirmamos que proteger las aguas exige reconocer los conocimientos y autoridades propias, garantizar la participación efectiva de los pueblos y avanzar hacia mecanismos de protección y formalización capaces de comprender la integralidad territorial. No se trata únicamente de garantizar acceso a un recurso: se trata de proteger las relaciones ancestrales, culturales, espirituales y políticas que nuestros pueblos hemos construido y sostenido con las aguas.
El Encuentro continuará este 11 de septiembre con las conversaciones sobre las aguas, sus ciclos y ecosistemas en las apuestas por la defensa del territorio y la autonomía; las experiencias autónomas, institucionales y de coordinación; y el cine foro “Agua, tejido del territorio. Miradas indígenas sobre las conectividades acuáticas”. Invitamos a seguir la jornada y acompañar la transmisión en vivo de Ka’tikunsi, La Voz de los Territorios, a través de nuestras redes sociales.
Las aguas hacen parte integral de nuestros territorios. Defenderlas es defender nuestras formas de vida, autonomía, memoria y la pervivencia de los Pueblos Indígenas.
¡Defender los territorios es defender la vida!






