Durante el segundo día de “Las aguas en la integridad territorial y cultural de los Pueblos Indígenas: Encuentro de Conocimientos, Saberes y Experiencias”, profundizamos en las apuestas políticas, jurídicas y territoriales de los Pueblos Indígenas para garantizar la protección de las aguas, sus ciclos y ecosistemas, así como en experiencias propias e institucionales de ordenamiento, coordinación y defensa territorial.
Este 11 de septiembre continuamos en Casa Ka’sankwa, Santa Marta, el diálogo iniciado durante la primera jornada del Encuentro. Las conversaciones del día permitieron avanzar desde el reconocimiento de nuestras relaciones ancestrales con las aguas hacia los desafíos concretos para ejercer autonomía, fortalecer el Gobierno Propio y garantizar que las políticas, los instrumentos jurídicos y las decisiones institucionales reconozcan la integralidad de nuestros territorios. La agenda estuvo articulada alrededor de las apuestas indígenas por la defensa territorial y la autonomía, de distintas experiencias autónomas, institucionales y de coordinación, y del papel de la comunicación propia como herramienta para transmitir conocimientos, fortalecer la memoria y defender los territorios.
El primer conversatorio, “El agua, sus ciclos y ecosistemas en las apuestas de los Pueblos Indígenas por la defensa del Territorio y la autonomía”, permitió revisar avances y desafíos relacionados con la Política Ambiental Indígena, las Entidades Territoriales Indígenas, la seguridad jurídica territorial y la conectividad ecológica.
Heber Tegría Uncaría, Secretario Técnico Indígena de la Mesa Permanente de Concertación (MPC), abordó los compromisos alcanzados por los Pueblos Indígenas en materia ambiental y el reconocimiento de las autoridades indígenas como autoridades ambientales a partir del Decreto 1275 de 2024. La espiritualidad, la integralidad y la autonomía fueron señaladas como principios fundamentales para comprender el ordenamiento territorial desde las concepciones propias. En este marco, los planes de vida y sus equivalentes adquieren un lugar central, pues expresan las orientaciones mediante las cuales cada pueblo define cómo habitar, ordenar y cuidar su territorio. La implementación efectiva de estos instrumentos continúa siendo una apuesta política fundamental para avanzar en el ejercicio de la autonomía.
La conversación profundizó luego en la seguridad jurídica de los territorios indígenas y las relaciones ancestrales con las aguas. Camilo Niño Izquierdo, Secretario Técnico Indígena de la CNTI, planteó cuatro dimensiones fundamentales de los derechos territoriales: posesión, propiedad desde la ancestralidad, autonomía e identificación. Esta última está estrechamente relacionada con el derecho a producir, controlar y disponer de nuestra propia información territorial. Durante su intervención se señaló que, a 31 de julio de 2026, la Agencia Nacional de Tierras reportaba 984 resguardos constituidos, pero también que las figuras jurídicas existentes no representan necesariamente la totalidad de los territorios que los pueblos identificamos y reconocemos desde nuestras propias concepciones.
Desde esta perspectiva, se insistió en que la información también constituye un derecho. La identificación de los territorios, sus relaciones ecológicas y sus espacios de importancia cultural no puede depender exclusivamente de categorías externas. Somos los propios pueblos quienes, desde la autonomía, debemos participar de manera determinante en la construcción y definición de esa información. También se destacó la importante presencia de registros de biodiversidad dentro de territorios indígenas, incluso más allá de aquellos que cuentan actualmente con reconocimiento formal.
Por su parte, Juan Pablo Muñoz, del equipo técnico de la CNTI, profundizó en los desafíos jurídicos que persisten para proteger las relaciones culturales, tradicionales y de subsistencia con las aguas. Señaló que avanzar sin información suficiente puede producir nuevas vulneraciones de derechos y cuestionó la aplicación de concepciones civilistas que reducen el territorio a categorías de propiedad y dominio. El principal hallazgo planteado fue claro: los territorios indígenas no pueden comprenderse desde una visión fragmentada del derecho privado; deben reconocerse desde su integralidad y desde las relaciones ancestrales que los pueblos mantenemos con las aguas, sus ciclos y ecosistemas.
La dimensión ecológica de esa integralidad fue desarrollada por Juliana Gutiérrez, del equipo técnico de la CNTI. Su intervención abordó la conectividad entre bosques, ecosistemas y aguas, insistiendo en que el territorio constituye un todo interrelacionado. Durante el espacio se señaló que aproximadamente 56.613 especies han sido registradas en territorios indígenas, un dato que permite dimensionar la importancia de estos espacios para la biodiversidad. Sin embargo, la discusión fue más allá de las cifras: los movimientos y ciclos del agua articulan ecosistemas, territorios y formas de vida, por lo que no pueden comprenderse únicamente desde modelos lineales o fragmentados de gestión ambiental.
Durante el segundo conversatorio, “Experiencias autónomas, institucionales y de coordinación”, pusimos en diálogo formas propias de ordenamiento territorial, experiencias de coordinación con instituciones y referencias jurídicas sobre las relaciones indígenas con aguas continentales, costeras y marinas.
Yanelia Mestre, del Pueblo Arhuaco y asesora del Consejo Territorial de Cabildos y de la Organización Gonawindúa Tayrona, explicó que los espacios sagrados constituyen una expresión concreta de los sistemas propios de ordenamiento y cuidado ambiental. Desde esta perspectiva, el ordenamiento ancestral no está pensado únicamente para los Pueblos Indígenas, sino para la protección integral del territorio. El desafío está en lograr que instrumentos externos, como los mecanismos estatales de ordenamiento de cuencas, dialoguen con el sistema propio de espacios sagrados y no lo sustituyan ni reduzcan.
Esta mirada fue complementada por Peter Rawschter, asesor del CTC y de la OGT, quien profundizó en la conectividad entre las aguas continentales, litorales y marinas de la Línea Negra. La relación entre los ríos y el mar no responde únicamente a un ciclo físico: forma parte también de un tejido de espacios sagrados interconectados. Así, la Línea Negra expresa una comprensión territorial en la que las aguas articulan diferentes espacios y permiten entender la Sierra Nevada como una unidad territorial y espiritual.
Desde el Resguardo Cañamomo Lomaprieta, Kellerman Guerrero presentó una experiencia concreta de ejercicio autónomo alrededor del agua. La defensa integral del territorio se encuentra vinculada con la espiritualidad y con una organización colectiva que ha permitido expedir mandatos y normas propias para regular actividades como la minería, definir zonas de protección y establecer criterios de manejo ambiental. Estas experiencias muestran que la autonomía no es solamente una reivindicación política: se expresa en decisiones, normas y prácticas concretas mediante las cuales los pueblos ejercemos autoridad sobre nuestros territorios.
La conversación incorporó también la perspectiva institucional. Anny Paola Zamora Bornachera, de INVEMAR, señaló algunos de los vacíos existentes en la incorporación del mar dentro de los procesos de planificación territorial y destacó la necesidad de fortalecer la articulación entre investigación científica y conocimientos comunitarios. La protección de ecosistemas como los manglares requiere combinar saberes, reconocer las determinantes culturales y garantizar que la información producida por las instituciones regrese a las comunidades y contribuya efectivamente a la toma de decisiones territoriales.
Finalmente, Karina Vargas Hernández, de Turning Tides, amplió la reflexión hacia las luchas por la tenencia y el reconocimiento de las aguas marinas y continentales. Su intervención permitió conocer experiencias y desarrollos jurídicos internacionales que reconocen las relaciones históricas y consuetudinarias de los pueblos con el mar. Estos antecedentes muestran que es posible construir figuras jurídicas que no separen tierra y agua y que permitan a las comunidades mantener, administrar y fortalecer sus prácticas ancestrales sobre espacios costeros y marinos.
Las conversaciones de esta segunda jornada reafirmaron una conclusión que atravesó todo el Encuentro: la defensa de las aguas está directamente vinculada con nuestra autonomía, el Gobierno Propio y la garantía integral de los derechos territoriales. No basta con reconocer la existencia física de ríos, cuencas, humedales, costas o mares. Es necesario reconocer también los sistemas de conocimiento, autoridades, mandatos, relaciones espirituales y formas de ordenamiento mediante las cuales los Pueblos Indígenas hemos cuidado estos espacios durante generaciones.
Avanzar hacia una protección integral exige también transformar las formas institucionales de comprender el territorio. La información, la formalización, la planificación ambiental, la investigación científica y las políticas públicas deben dialogar con los sistemas propios y reconocer que las aguas no existen de manera aislada: conectan ecosistemas, pueblos, espacios sagrados, formas de vida y relaciones que trascienden las divisiones administrativas entre tierra, costa y mar.
La programación de este 11 de septiembre finalizó con el cine foro “Agua, tejido del territorio. Miradas indígenas sobre las conectividades acuáticas”, moderado por Gustavo Ulcué, del equipo técnico de la CNTI, con la participación de Amado Villafaña Chaparro y Nataly Domicó. A través de sus obras, el espacio permitió profundizar en las relaciones territoriales, espirituales, culturales y políticas que atraviesan las aguas, pero también en el lugar de la comunicación propia como forma de conocimiento, memoria y defensa.
El cine producido por indígenas no solo representa los territorios: permite narrarlos desde nuestras propias voces, transmitir conocimientos entre generaciones y disputar las miradas externas que históricamente han interpretado nuestras realidades. En este sentido, la comunicación propia se reafirma como una herramienta para fortalecer la autonomía, preservar la memoria colectiva y hacer visibles las relaciones que sostienen la vida en los territorios.
Desde la CNTI reafirmamos que las aguas hacen parte integral de nuestros territorios. Su protección exige garantizar nuestra autonomía, reconocer nuestros sistemas de conocimiento y Gobierno Propio, y avanzar hacia formas de ordenamiento y seguridad jurídica capaces de comprender la continuidad entre las tierras, las aguas, los ecosistemas y la vida de los Pueblos Indígenas.
Agradecemos y felicitamos a las autoridades, delegados y delegadas indígenas, organizaciones, equipos técnicos, instituciones, invitados nacionales e internacionales y demás participantes que compartieron sus conocimientos, experiencias y reflexiones durante este significativo Encuentro. Sus aportes hicieron posible un diálogo necesario para seguir fortaleciendo la defensa integral de nuestros territorios. Invitamos a consultar las transmisiones, fotografías, intervenciones, notas de prensa y demás contenidos del Encuentro disponibles en nuestras redes sociales y canales de comunicación propia.
¡Defender el agua es defender la vida!






