Cada 1 de agosto, en el Día de la Pachamama, los Pueblos Indígenas renovamos una relación de reciprocidad con la Madre Tierra y con los ciclos que sostienen la vida. Esta fecha no se reduce a un gesto simbólico: recuerda que el cuidado del territorio depende de derechos garantizados, gobierno propio y capacidad efectiva para decidir sobre aquello que ocurre en nuestros espacios de vida.
Para los Pueblos Indígenas, el territorio no es una suma de recursos naturales. Montañas, bosques, páramos, ríos, sabanas, costas, mares, plantas y animales hacen parte de sistemas vivos interconectados. Entre ellos existen relaciones espirituales, culturales y territoriales que orientamos de acuerdo con la Ley de Origen, la Ley Natural y el Derecho Mayor.
Esta forma de comprender y gobernar el territorio tiene efectos concretos sobre la biodiversidad del país. En los territorios indígenas se encuentra el 51 % de los bosques de Colombia, el 52 % de los nevados y glaciares, el 18 % de las sabanas, el 12 % de los páramos y el 26 % de las especies registradas en el país. Estos datos muestran que la garantía de los derechos territoriales y el fortalecimiento del gobierno propio son condiciones materiales para sostener la vida y la diversidad biológica.
El cuidado también depende de la transmisión de conocimientos y de la posibilidad de participar en las decisiones. Las Mujeres Indígenas han desempeñado un papel fundamental en la conservación y transmisión de sistemas de conocimiento, prácticas de cuidado y formas propias de gobierno frente a la pérdida de biodiversidad, la afectación de las fuentes de agua y las presiones extractivas. Su participación en las decisiones ambientales y territoriales debe ser directa y efectiva.
Por eso, hablar de conservación exige hablar de derechos. Ninguna política ambiental puede desconocer la autonomía, el gobierno propio ni el Consentimiento Libre, Previo e Informado de los Pueblos Indígenas. Las medidas creadas para proteger la naturaleza no pueden reproducir formas de despojo, limitar el ejercicio de la autoridad territorial ni imponer decisiones externas sobre nuestros territorios.
Nuestros derechos territoriales son preexistentes al Estado colombiano. Se sustentan en la autodeterminación, la propiedad y/o posesión colectiva, el derecho propio y el derecho internacional. Su garantía exige el reconocimiento pleno y el respeto al ejercicio del gobierno propio como expresión de nuestra autonomía y de la relación ancestral con los territorios.
Cuando ejercemos plenamente el gobierno propio, protegemos los territorios, fortalecemos nuestros sistemas de conocimiento y de vida y, al mismo tiempo, cuidamos la Madre Tierra y su biodiversidad. En este Día de la Pachamama lo reafirmamos con claridad: vulnerar nuestros derechos territoriales es debilitar las condiciones que sostienen la vida, el equilibrio de los territorios y el cuidado de la Madre Tierra.
¡Defender los territorios es defender la vida!






