En el tercer día de la II Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural +20 (ICARRD+20), los Pueblos Indígenas de Colombia reiteramos que la reforma agraria debe garantizar el reconocimiento jurídico pleno de nuestros derechos territoriales.
No puede haber transformación rural sin seguridad jurídica, propiedad colectiva y respeto efectivo a nuestra autonomía.
Nuestros territorios no son baldíos ni espacios disponibles. Son territorios ancestrales con tradiciones, autoridad y gobierno propio. No concebimos el territorio como un simple bien material ni como factor de productividad. Es el espacio que sostiene la cultura, la lengua, la educación, la comunicación, todos nuestros sistemas de conocimiento. Es un espacio sagrado. En torno a él se organiza la vida colectiva. Sin garantías para permanecer en el territorio, la pervivencia de los pueblos queda en riesgo.
Más del 95 % del territorio formalizado coincide con áreas de importancia ambiental y natural: zonas forestales, agroforestales, áreas de conservación y fuentes hídricas. Este dato confirma que los Pueblos Indígenas somos guardianes ancestrales de la Madre Tierra. Hemos sostenido el equilibrio ecológico no solo para nuestros pueblos, sino para la humanidad.
Insistimos en que el diálogo debe desarrollarse de gobierno a gobierno, con reconocimiento efectivo de nuestra autonomía, autodeterminación y derechos territoriales. Hablar de reforma agraria implica garantizar la consulta previa y el consentimiento libre, previo e informado. Un pueblo sin territorio es un pueblo en riesgo de desaparecer.
Durante la plenaria “Justicia agraria, ambiental y climática”, intervino Yerly Stefania Ulcué Perdomo, coordinadora de juventud de la OPIAC, quien señaló que la participación indígena no puede reducirse a un reconocimiento simbólico. Advirtió que con frecuencia se invita a los pueblos a estos espacios sin que nuestra voz sea realmente tenida en cuenta. Reafirmó que los Pueblos Indígenas mantenemos una relación propia con el territorio, basada en la espiritualidad, en el conocimiento de sus ciclos y en prácticas de cuidado que garantizan equilibrio. Su mensaje fue claro: no hay reforma agraria sin los Pueblos Indígenas.
Destacó que las juventudes y las mujeres indígenas son sujetas políticas con derechos y responsabilidades en la defensa del territorio. Su participación no puede ser simbólica ni secundaria; debe ser efectiva y con garantías reales dentro de cualquier proceso de reforma agraria. Señaló que el liderazgo juvenil y de las mujeres indígenas es estructural en la gobernanza territorial. Sin su participación plena, sin seguridad jurídica y sin condiciones libres de violencias, no es posible avanzar hacia una reforma agraria con enfoque de derechos y justicia territorial.
En el evento paralelo “Avances y perspectivas de la agroecología en Colombia”, Mario Díaz Alarcón, del Gobierno Mayor, expuso la visión de la agroecología desde el enfoque de los Pueblos Indígenas. Señaló que no se trata solo de técnicas productivas, sino de procesos guiados por la Ley Natural, el respeto por los ciclos de vida y la armonía entre comunidad y territorio.
Explicó que la agroecología, desde esta perspectiva, no se limita a producir alimentos sin químicos, sino que implica una relación espiritual con el territorio, basada en el equilibrio y la reciprocidad. Recalcó que los sistemas propios de producción indígena integran conocimiento ancestral, diversidad biológica y cuidado del agua y del suelo. Subrayó que cualquier política agraria que pretenda ser sostenible debe reconocer y fortalecer estos sistemas, en lugar de imponer modelos externos que rompen los ciclos naturales y comunitarios.
Desde Cartagena realizamos una cobertura colectiva y colaborativa junto a la Mesa Permanente de Concertación (MPC) y la Comisión Nacional de Mujeres Indígenas (CNMI). A través de la emisora Ka’tikunsi, La Voz de los Territorios, amplificamos la palabra, los análisis y las apuestas políticas del Movimiento Indígena de Colombia en este escenario internacional.
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¡Defender los territorios es defender la vida!






