La expedición de la Resolución 0663 de 2026, mediante la cual se declara la Reserva de Recursos Naturales Renovables Corazón del Mundo, Sierra Nevada de Santa Marta – Gonawindua, constituye un paso de alto valor político, territorial y ambiental para la protección de uno de los ecosistemas más estratégicos del país.
No se trata únicamente de una decisión administrativa sobre un área de especial importancia ecológica. Se trata del reconocimiento de un territorio cuya integridad ambiental, espiritual y cultural es esencial para el equilibrio de la vida.
La Sierra Nevada de Santa Marta posee una singularidad excepcional. En ella convergen todos los pisos térmicos, desde las nieves perpetuas hasta el mar Caribe, y se sostiene una diversidad biológica, hídrica y ecosistémica de importancia nacional y planetaria. Pero su valor no puede entenderse solo desde la perspectiva natural.
La Sierra es también el territorio ancestral de los pueblos Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo, quienes la reconocen y la cuidan como el Corazón del Mundo. Cualquier medida de protección sobre este territorio debe partir de esa verdad territorial: la vida de la Sierra no puede separarse de la vida de los pueblos que ancestralmente la han protegido.
La resolución adquiere aún mayor relevancia en un contexto de amenazas persistentes sobre este territorio. La presión de actividades extractivas, el impacto del cambio climático, la fragmentación institucional de la gestión ambiental y los riesgos sobre las relaciones bioculturales que sostienen el equilibrio territorial hacen necesaria una respuesta estatal más robusta y coherente.
En ese sentido, la declaratoria de la reserva fortalece un marco de protección que debe orientarse no solo a conservar ecosistemas, sino a garantizar la permanencia de las relaciones espirituales, culturales y territoriales que hacen posible la vida en la Sierra Nevada.
Esta decisión también reafirma una discusión de fondo que el país no puede seguir postergando: la protección de la biodiversidad no puede disociarse de la garantía de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas. No hay conservación real si se desconoce el vínculo intrínseco entre territorio, conocimientos, prácticas espirituales, formas de gobierno y vida colectiva.
La Sierra Nevada de Gonawindua no es un espacio natural aislado del tejido humano. Es un territorio vivo donde agua, cerros, mares, manglares, nieves perpetuas, sitios sagrados y pueblos indígenas conforman un mismo sistema de relaciones. Por eso, proteger este territorio implica reconocer y respetar sus derechos bioculturales.
La resolución también plantea un reto decisivo de articulación institucional. Su efectividad dependerá de que las entidades ambientales del orden nacional y regional avancen hacia una gestión ecosistémica integral, armonicen instrumentos de ordenamiento y actúen con coherencia frente a las obligaciones de protección.
La declaratoria será insuficiente si no se traduce en coordinación efectiva, intercambio de información, control sobre actividades incompatibles con la vocación del territorio y decisiones sostenidas que impidan nuevas afectaciones sobre la Sierra. La protección jurídica debe convertirse en protección material y duradera.
En un momento en que el país discute transición energética, modelos de desarrollo y políticas de conservación, esta decisión deja un mensaje claro: la vida y los territorios deben estar en el centro de las decisiones públicas. La Sierra Nevada es un ejemplo vivo de un trabajo histórico y milenario fundado en la Ley de Origen y en los conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas que la habitan.
El territorio es el primero de todos los derechos, porque es allí donde se sostienen el agua, la biodiversidad, la espiritualidad, la memoria y las formas de vida que garantizan el equilibrio. Proteger el Corazón del Mundo no es un asunto sectorial. Es una responsabilidad colectiva con la vida, con los pueblos y con el futuro.
¡Defender los territorios es defender la vida!






