En el marco del Día Mundial de lucha contra la desertificación y la sequía, reafirmamos que esta crisis no es solo un problema climático. También es el resultado del despojo, la degradación de la tierra y la ruptura de la relación entre la vida humana y la naturaleza. Frente a ello, los territorios indígenas siguen siendo soluciones vivas y reales para cuidar el agua, la biodiversidad y el equilibrio de la Madre Tierra.
La degradación de la tierra, la escasez de agua y la pérdida de biodiversidad son expresiones visibles de una crisis más profunda. No se trata únicamente de cambios en el régimen de lluvias o de eventos extremos. También estamos ante las consecuencias de modelos que destruyen bosques, agotan los suelos, alteran los ciclos del agua y convierten la tierra en objeto de explotación. La sequía y la desertificación avanzan allí donde se rompe el equilibrio de la vida y donde se imponen formas de ocupación y desarrollo que desconocen los límites de la naturaleza.
Frente a esta situación, los territorios indígenas sostienen prácticas concretas de cuidado que siguen siendo fundamentales para la vida. Allí se protegen nacimientos de agua, bosques, semillas, suelos y biodiversidad. Allí persisten formas de relación con la tierra que no parten de la lógica de la extracción sino de la reciprocidad, el respeto y la responsabilidad con la Madre Tierra. Por eso, cuando defendemos los territorios indígenas, también defendemos una respuesta real frente a la desertificación, la sequía y la crisis climática.
Los sistemas de conocimiento propio aportan caminos concretos para la adaptación, la mitigación y la restauración ecológica. No son saberes aislados ni vestigios del pasado. Son formas vivas de entender el territorio, reconocer sus transformaciones y orientar prácticas de cuidado que han sostenido la vida durante generaciones. En ellos se expresa una ciencia viva, construida desde la observación, la experiencia, la memoria y la espiritualidad, que sigue ofreciendo respuestas profundas frente al deterioro ambiental.
Reiteramos que no habrá lucha real contra la desertificación y la sequía si se siguen negando los derechos territoriales, la libre determinación, el gobierno propio y los conocimientos tradicionales de los Pueblos Indígenas. Allí donde se desconoce el territorio indígena, también se debilitan las condiciones materiales, culturales y espirituales que permiten sostener el equilibrio ecológico. Defender estos derechos no es una demanda sectorial. Es una condición para proteger la vida en todas sus formas.
Los territorios indígenas no son un obstáculo para el futuro. Son una de sus condiciones más necesarias. Donde el territorio permanece vivo, también persiste la posibilidad de cuidar el agua, regenerar la tierra y reconstruir la relación entre humanidad y naturaleza. Frente a la desertificación y la sequía, seguimos insistiendo en una verdad que el país y el mundo deben asumir con seriedad: proteger los territorios indígenas es proteger la vida.
¡Defender los territorios es defender la vida!






