En el marco del 3 de marzo, Día Mundial de la Vida Silvestre, los Pueblos Indígenas reafirmamos que hemos sido guardianes de la vida silvestre desde tiempos ancestrales. Somos pueblos de vida y territorio. Aunque representamos cerca del 5 % de la población mundial, habitamos y gestionamos entre el 20 y el 25 % de la superficie terrestre, donde se encuentra aproximadamente el 80 % de la biodiversidad que aún se conserva en el planeta.
Nuestros territorios abarcan regiones con alta biodiversidad, ecosistemas únicos y especies endémicas. Cuidamos la vida porque defendemos el territorio. Para nosotros, la protección de la Madre Tierra no es un discurso ambiental, es una práctica cotidiana sustentada en sistemas de conocimiento propios, en la Ley de Origen y Ley Natural, principios culturales y espirituales que garantizan el equilibrio ecológico.
Hoy la vida silvestre enfrenta amenazas crecientes. La deforestación, el tráfico de especies, la pérdida de hábitats, la crisis climática y la desertificación de los suelos deterioran ecosistemas esenciales y reducen el acceso a agua y alimentos para miles de especies. La pérdida acelerada de biodiversidad altera los equilibrios naturales y pone en riesgo a los pueblos que dependen de estos territorios.
Frente a este panorama, insistimos en que sin derechos territoriales no hay equilibrio climático. Exigimos el reconocimiento pleno de los territorios que hemos cuidado ancestralmente. Nuestra permanencia y pervivencia en ellos es condición para sostener los ciclos ecológicos y la estabilidad del planeta. Cuando se debilitan nuestros sistemas de conocimiento y se vulneran nuestros derechos territoriales, la biodiversidad también se ve afectada.
Para los Pueblos Indígenas, la vida silvestre no es un recurso ni una mercancía. Es parte de una red de existencia compartida. La flora y la fauna integran nuestro orden cultural y espiritual; su cuidado sostiene el equilibrio que hace posible la continuidad de toda forma de vida. Proteger la vida silvestre exige garantizar nuestros derechos territoriales, asegurar la transmisión de nuestros sistemas de conocimiento y reconocer que sin territorio no hay cultura, y sin cultura no hay prácticas de defensa y cuidado.
¡Defender los territorios es defender la vida!






